domingo, 27 de enero de 2013

" Paramo "



                                  Alienado. Fantasmal. Enajenado.

Como si la atmosfera me asfixiara; como si necesitara desligarme de un pensamiento  y romper, con su filo inquebrantable, el aire que me circunda.
Como si fuera necesario avanzar a través  de mí, traspasando las  palabras…

Ah! Cómo describir la paralizante sensación de saberse nada? De ser sólo una consecuencia errónea, de la eyaculación precoz de algún Verbo desangelado.
        Cómo describir el descubrirse incompleto, inacabado?

… Bajo la piel y el hueso de mi cabeza, existe un trastocamiento visceral, un infierno de pensamientos que se coagulan, se funden y se fracturan; no para nadificarse, o excretarse, sino, para parir un nuevo puzzle, un nuevo azote al centro del Ser. Un murmullo,(no sonoro, sino físico)  que se traslada al oxigeno, a la sangre, al oscuro universo de mi vuelo en el vacío.

Y yo no sé, ni cómo ni quién, ha puesto en la médula de mi alma, ese grito de queja, de abismo… ese grito que antecede al nacimiento. Mi imbecibilidad tampoco lo sabe. Sólo trata de impermeabilizar ese agujero negro, esa maldita maquinaria de relojería, que atiza el fuego del infierno bajo el oscuro maquillaje de las palabras.

                   Mis Demonios han agotado la utilidad de los lenguajes.

Ah! Si sólo pudiera vomitar en mis adentros, la bilis de mi espíritu, como una              catarata!
      Si mis manos lograran dibujar,  el indescriptible dolor de sentir la angustia latiendo, entre la carne y el Alma!

                     Moebius. Moebius de hielo, envenenando mi sangre.

No existe lucidez, en el centro del tormento.
Mis uñas rasgan los límites del sueño, escupiéndome descalzo, a las brasas encendidas de una realidad obtusa. ¿Y, cómo volver hacia el inicio, hacia el nacimiento de la palabra? ¿Cómo fonetizar el desgarro, si no es  material, si lo que se desgarra es el Alma?

        Eterno eco de mis sienes, algodonado, en la nada de mi tumba.

Cesará, en el fin de mi espíritu atormentado, la entropía del sueño y el insomnio. Y seré la quietud. La inercia anestesiada. Y entonces sí, mi cuerpo deslenguado, descubrirá el magma ancestral de la palabra.
Se partirá mi Alma como un ladrillo, y lloveré un poema en los bordes del abismo.
Y mi lluvia será un grito.
Y ése grito será mi alivio…
Oleo: Agnes Cecile

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