jueves, 5 de abril de 2012

“NUMEROS”





                Había escuchado decir por ahí que el Domingo era el día en que la gente buscaba mayor cantidad de respuestas. No entendía. No alcanzaba a comprender el por qué de un día señalado. No. Tampoco estaba de acuerdo con aquella estadística. Es mas, sentía el más acérrimo odio contra las conceptualizaciones generalistas de todo cuanto tuviera que ver con la conducta humana.
                ¿Que la gente buscaba mas respuestas? ¿Que la misa de los Domingos? ¿Que el ocio era el causante del escape de tanta gente? ¿Que el día feriado por excelencia?...
                Inútiles. Todos los pretextos parecianle inútiles para explicar un hilo, una hilacha que se puede cortar cualquier día, a cualquier hora y en cualquier lugar.
                Y tal vez la causante del distanciamiento que lo caracterizaba frente a los demás, habría sido esa ideología rotundamente cerrada en cuanto a dejarse seducir por estadísticas y porcentajes. O tal vez la soledad. Soledad que solo era apaciguada por las hojas de un libro nunca comprendido, o con la vieja musicalidad de un blues oxidado. Soledad compartida por tanta gente y cosas, pero mayoritariamente ocultada.
                Había escuchado por ahí que la gente balbuceaba y opinaba sobre su estado mental, como si opinara de la Yerba (que nuevamente había aumentado) o la estabilidad de una piedra a punto de desmoronarse.
                No estaba loco, y de eso estaba seguro. (El Oráculo, al que consultaba regularmente todos los Jueves por la tarde, así lo había dicho).
                Estaba un poco confundido y debía ordenar un poquitillo sus emociones y sentimientos –le había aconsejado su Jefe, antes de pedirle que se tomara una licencia no menor de 50 ni mayor de 100 años -.
                Las lecturas, de las que es devoto, solo dejan mensajes satánicos –había escuchado salir de los labios de la psicóloga-. Debería comenzar a leer Lugones (o Buscaglia si quiere algo un poquitin mas comprometido). Debería destapar ese frasco, liberar de su cuerpo esas ideas que no llevan a ningún lado y solo facilita una marginación por parte de sus iguales.
                Debía. Debía, siempre Debía.... (¡MIERDA!)
                Estaba cansado de vagar por las noches, luego de desprenderse de su carne, y no encontrar otra compania mas que la sombra de una Janis Joplin borracha y reencarnada en fuego.
                Compartía sueños, eso sí, con su sombra. Ella era el único oído capaz de escuchar sus miserias.
                Pensaba en formar un gran teatro, donde todos los actores pudieran despegarse de sus almas para comenzar el Ritual de las Fiestas Dionisiacas. Soñaba con un espectáculo tan incongruente, que el Altar donde se llevara a cabo (el Altar y no el escenario ) fuera la lapida de su propia tumba, el sarcófago  que sus semejantes ya se habían encargado de numerar y disfrazar a gusto y gana.
                Soñaba con poder publicar una nota en el diario local, donde se dejara en claro su oposición ante aquella estadística sobre las respuestas de los días Domingos. Soñaba que esa nota tuviera éxito, tanto que la gente toda, estuviera de acuerdo en ponerlo a la altura de un Nietzsche, de un Artaud o de un Gongora.
                Soñaba con morir en un Mar quieto, con marea baja.
                Soñaba con que “el nuevo Morrison” cantara su propia poesía sobre las ruinas de Pompeya. Soñaba, al fin y al cabo, con no escuchar lo que decían las vecinas, y las estadísticas, y los números, y los porcentajes....
               
                Y estaba soñando, volando junto a Janis Joplin, cuando unos cuervos camuflados de blanco lo encadenaron a la prisión de fuerza.

Y estaba soñando junto a Morrison y Joplin; y gracias a ello, tal vez, su sombra pudo escapar a las garras de la necedad, observando su cuerpo encarcelado. Riendo a carcajadas.


                Pero la sombra es sombra; y ninguna sombra es capaz de contener un gajo de lo que fue la esencia del cuerpo al que sirvió durante tantos años... Ninguna, menos esta, que a cada segundo sentía volar entre sus oídos la voz enclenque del tipo que no estaba de acuerdo con la idea de las respuestas de los Domingos, ni con las misas, ni con la vida misma.
                Y la sombra es sombra.
                Por eso alguien prendió la luz por un segundo cuando la vio caer desde la terraza hacia el abismo; y no comprendió.
Por eso resulta inexplicable que haya estado tanto tiempo deambulando por la Tierra en busca de aquella luminosidad que fuera capaz de desintegrarla. O que fuera sistemáticamente los días Jueves y se posara a los pies de un Oráculo enmudecido.
                Resulta increíble, sí. Una sombra no puede ser capaz de acabar con su oscuridad, (al menos es una cuenta que no cierra en la mente de un cristiano que se precie de “normal”) Pero sucedió. Y en el mismo instante en que el ultimo haz de luz impartía su justicia, un hombre lloraba, entre risas y gritos, encadenado a una celda de fuerza..................Y EXPIRABA. ..........................................................................................................................................................
               
                Cuentan que el Sol no dejo de dar calor, ni la lluvia de mojar.
                Esta comprobado que las estadísticas siguieron viviendo, y las misas dándose, y la gente sola.
                Un articulo titulado “Números” paso sin pena ni gloria por las hojas del matutino del Jueves.
                Nadie lloro por la desintegración de una sombra ni por la muerte de otro hombre.
                Nadie opino, ni hablo, ni se entero.
                Todo siguió el curso que le estaba asignado.
                Nada, absolutamente nada cambio, luego de este estúpido episodio, que solo sirvió para corroborar aquella estadística sobre las respuestas de los días Domingos....

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