jueves, 24 de julio de 2014

" Rehenes "

Somos rehenes de la misma sangre… - No me entregues…-

El miedo anida en el vientre infértil de mis noches.
Y tú vienes,  en silencio, hacia el vértice donde explota el gemido de las palabras.

¡Ah! Sirena naufragada en los mares de mi orfandad.
Hija del llanto.
Peregrina de los perdones.  – No me entregues… -

Tú llegas a la orilla del mar, en silencio, y los poemas no bastan.
Tú cantas la herida que yo callo.
(El dolor de ya no ser/La fisura de mi Alma)

La prepotencia del averno se ha abierto bajo mis huellas. ¡Oh, Princesa de las ausencias!
-Y mi llanto desnudo, Amor, y mi llanto descalzo…-

Del otro lado del espejo, mis manos descarnan el dolor de la transparencia.
Y todos sus colores son negros. Y  todos sus colores son blancos.

Tú vienes desde el nacimiento de la llaga de los tiempos, Hija del Viento.
Tú cierras la puerta hacia el otro lado, con la llave del silencio…

¡Ah! Princesa de mis orfandades… 
¡Quítame, a jirones, la carne ardiente de mis máscaras y mis disfraces,
Ahógame en sueño, el insomnio doloroso de las verdades.
Pero, No me entregues…

Sólo abre suavemente mi herida con tus labios nácar, Mujer,
Y en el inicio de mi llanto póstumo,
Y en el inicio de mi silencio estéril,
Báñate, desnuda de silencios, en mi sangre… Y  transítame…


miércoles, 16 de julio de 2014

" Entrehuellas"

Como una ventana semi-abierta.
Como una aurora –aún antes de la hora de la aurora –
Tus piernas despiertan los sueños que el insomnio rescata de mi pasado.

¿Quién capaz de decidir, cuando el momento es el adecuado?
¿Quién capaz de discernir, si la manzana será el pecado?

Déjame entrar, Mujer, como agua que se filtra entre las rocas.
Déjame probar, Mujer, la droga de mi lengua entre tus ropas.

* “Tu eliges el lugar de la herida en donde hablamos nuestro silencio”
Tú eliges la hora de la Noche, en que el Día se esconde entre tus sarcasmos.

Déjame que te recorra que te anide que empolle mis penas entre tus pieles. Deja que los Cielos caigan por entre las nubes que la lluvia esconde. -  Déjate, mujer.-

-Déjame-
Déjame que llore las heridas sobre los bordes de la llaga.
Déjame que sangre las lágrimas del llanto de mi Alma.

¿Quién capaz de decidir, cuando el momento es el adecuado?
¿Quién capaz de discernir, si la manzana será el pecado?

Déjame morir entre tus muslos. Anidar entre tus piernas  Dormir en tu regazo.

 Es decir: 
Como una ventana semi-abierta.
Como una aurora –aún antes de la hora de la aurora –
Asesíname de aire en pleno oxigeno de la sangre.

Déjame levantar tu falda, y explotar mis venas,
Y matar mi muerte. Y gritar tu abrazo.

Déjame morir entre tus piernas sin murmullos. Sin razones.
Y sin pasados...
* Alejandra Pizarnik
Fotografia: Lucien Clergue 

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